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La belleza no tiene edad

La belleza no tiene edad

Lo que merece entrenarse es la mirada que se tiene de belleza, no marcar a machete los cuerpos, con dietas y cirugías que en ocasiones llegan a la patología.

Cuando la fuente del amor y del reconocimiento de una persona está puesta en una foto juvenil, con un determinado estilo de estética que aprisiona el cuerpo y el alma en formas a las que hay que obedecer para lograr un lugar en el mundo, vemos que, con el paso del tiempo de la vida y sus etapas, quedan atrás los pilares que sustentan la propia existencia. Eso provoca en muchas personas, y de manera muy particular a muchas mujeres, una angustia muy grande que puede volverse obsesión.

Como aquel cuento de los tres chanchitos que ensayaban la construcción de sus respectivas casa con materiales más o menos duraderos y confiables, así en la vida vamos construyendo los cimientos y paredes de nuestra autoestima para cuando el cuerpo haga lo que hacen los cuerpos con el paso de los años: envejecer.

Si a lo largo de la vida se edifica la propia forma de ser sobre la idea de que solamente son valiosos aquellos con cuerpos flacos, con músculos firmes y obedientes al mandato de los modelos, damos por descontado que el soplido del viento de los años hará tambalear con facilidad a quien apueste a esa manera de ver las cosas.

Aceptar las nuevas etapas no implica decir: no importa que los años pasen y no seas tan linda ya que tienes otras cosas valiosas sino, eres linda y valiosa, independientemente de la edad y el cuerpo que tengas”. Lo que merece entrenarse es la mirada que encuentra la belleza, no marcar a machete los cuerpos, con dietas, cirugías, y demás prácticas que en ocasiones llegan a la patología. Si para algo sirve el paso de los años es para transparentar el hecho de que toda estética es, en realidad, una ética, y que por allí va la cosa, no tanto por formatos que terminan por esclavizar a quienes a ellos suscriben.

Es verdad que desde un atavismo la noción de fecundidad femenina es homologada a la belleza, lo que es entendible y cierto. Una mujer fecunda es más linda que una que no lo es. El tema es que hay una enorme limitación respecto de lo que se llama fecundo cuando el concepto queda circunscrito a lo biológico. Las mujeres en contacto con su fecundidad , en cualquier territorio en el que ea fecundidad se manifieste, irradian vitalidad, y esa vitalidad, ese contacto con la fuente, es, sin dudas, la belleza real.

Mujeres embalsamadas en formas juveniles no lucen vitales sino temerosas del tiempo que pasa. Otras que, con la forma que tengan, iluminan el territorio sobre el cual transitan (territorio físico, anímico, intelectual, solidario, espiritual…) sí pueden llamarse bellas, sobre todo, cuando su vida no se destina a detener el tiempo, sino a ocuparlo con sueños, deseos, capacidad de entrega y todas esas cosas que hacen que la gente sea valiosa y, en tal sentido, linda.

Si la angustia por el tiempo avasalla y aterra, habrá que mejorar los amores (con otros, con uno mismo), construirlos de material más confiable, como se construye una buena casa. Siempre se está a tiempo para eso.

Sólo el amor vence al miedo y al tiempo. Recordar esa premisa hará que el cuerpo sea reflejo de la fuerza vital acorde a cada etapa, y no un extraño al que hay que domesticar para que dé valor a la propia existencia.

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